Mostrando entradas con la etiqueta Poemas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Poemas. Mostrar todas las entradas

domingo, 15 de mayo de 2011

A la espera


Aún no ha llegado, amor,
pero lo espero.

Espero
la llegada del tiempo
de decidir
que ha sido
suficiente.

(Lía Luna)

Por las avenidas del recuerdo



Hoy te he soñado, amor, como al principio,
como cuando llegaste a mi recuerdo,
como cuando se abrieron las ventanas
y se alejó la sombra de mi casa.

Te he soñado en la flor de la inocencia,
cuando el mundo era joven, cuando era
tierna la vida como un brote verde,
cuando me desperté, maravillada,
inundada del viento que traías.

Hoy te he vuelto a soñar como solía,
como cuando sentía tu llamada
y era tan clara y simple la respuesta,
y era sencillo amarte, y ser amada,
y por las avenidas del recuerdo
caminar, confiada, de tu mano.

(Lía Luna)

lunes, 25 de abril de 2011

Con la tierra a la cintura.

CASIDA DE LAS PALOMAS OSCURAS
(Paco Ibañez cantando a Lorca)



Por las ramas del laurel
van dos palomas oscuras.
La una era el sol,
la otra la luna.
"Vecinitas", les dije,
"¿dónde está mi sepultura?"
"En mi cola", dijo el sol.
"En mi garganta", dijo la luna.
Y yo que estaba caminando
con la tierra por la cintura
vi dos águilas de nieve
y una muchacha desnuda.
La una era la otra
y la muchacha era ninguna.
"Aguilitas", les dije,
"¿dónde está mi sepultura?"
"En mi cola", dijo el sol.
"En mi garganta", dijo la luna.
Por las ramas del laurel
vi dos palomas desnudas.
La una era la otra
y las dos eran ninguna.
(F.G. Lorca)

domingo, 17 de abril de 2011

Blues de la pasta segura

Soy una chica,
y no recuerdo
qué chica dijo
que una mujer no duerme
totalmente tranquila
hasta tener resuelto
el tema de la pasta.
El tema de la pasta, baby,
para que las muchachas
duerman tranquilas.
Pasta segura
para pagar la casa,
para que coman
sin problemas los hijios,
para ir de tiendas
de vez en cuando, baby,
o tener coche
y ver un poco el mundo.
Es la niña brillante
la que lo ha conseguido,
la que ha logrado
pasta segura
para todos los meses,
para toda la vida.
Es la pequeña
sobresaliente
la que siempre ha sabido
que la paste segura
hace que no dependas
de ningún hombre.
Que seas libre
para quedarte sola,
si así lo quieres,
o para ir con un hombre
sin dependencias.
Bendita sea, baby,
bendita sea la pasta,
pasta segura
para toda la vida.

(Lía Luna)

martes, 22 de marzo de 2011

Hermosa Emily Dickinson


Que la cama sea ancha,
que esté hecha con cuidado;

esperad en ella que la sentencia
del juicio final, sea serena y perfecta.


Que el colchón sea plano,
que la almohada sea redonda,
y que ningún ruidoso amanecer
perturbe la paz de esta tierra.

(Emily Dickinson)

miércoles, 16 de marzo de 2011

El Colgado. Tarot Ryder.


"Sé que colgué del árbol azotado por el viento
nueve noches enteras,
herido por la lanza, entregado a Odín,
yo mismo a mí mismo,
de aquel árbol del que nadie sabe
el origen de sus raíces."
(Canción de Odín)

lunes, 14 de marzo de 2011

El amante esquivo

gordita rubia bañandose | Cuadro


¿Me habrías
follado
de
ser
más alta,
más delgada,
más joven,
más tonta,
más lista,
más fuerte,
más débil,
más bruja,
más dulce,
más esquiva,
más frígida,
más 
 otra?

Tal vez.
O tal vez
no.
Al fin
y al cabo,
siempre
acabas
por
no
follarte

a
nadie.

(Lía Luna)

Canción de la madre bruja


Te has vuelto vieja, mami.
Hace ya tiempo que te has vuelto vieja.
Oh, sí, eres una vieja elegante,
y cuando al fin te mueras,
cuando te mueras, mami,
cuando por fin revientes,
aún serás un cadáver elegante.
Eras muy guapa.
La más guapa de todas,
y el espejo encantado
nunca te destronó de la belleza.
Oh, nunca, mami,
nunca te destronaba.
Cómo hubieras podido
soportar esa afrenta.
Ser la más guapa
te compensaba un poco
de estar casada,
de ser una muchacha
de los años cuarenta,
y de que tener hijos
te estropease un tanto la cintura.
Oh, sí, no demasiado,
pero tener dos hijos
desmarca la cintura
incluso a la madrastra
de Blancanieves.
Tú no lo sabes.
Puede que no lo sepas,
que no lo hayas sabido,
que no quieras saber
que me has jodido viva.
Que me has jodido, mami,
como joden las madres
con todo el odio.
A las hijas pequeñas
que las encierran.
A las hijas rivales
adolescentes.
A las hijas adultas
que las destronan.
A las hijas maduras
que las entierran.
Como joden las madres
cuando no hay madres,
tan sólo reinas brujas
y niñas tristes.

(Lía Luna)

domingo, 13 de marzo de 2011

Inocencia salvaje

Demonio sentado en un jardín. Vrubel, 1890

Amar
tu oscuridad
y tu ternura.

La inocencia
salvaje
de tu alma.

(Lía Luna)

Nada nuevo


Yo sé
que sabes.
¿Sabes tú
que yo sé?

Es bueno
recordar
que nunca
digo
todo
lo que veo.

(Ni siquiera
en mí misma)

No
confundir
silencio
con ignorancia.

(Lía Luna)

Tristeza


No.

No he caminado
por el fondo
-puede
que no
haya fondo-.

He recorrido,
 sin embargo,
caminos
muy oscuros.

Sin miedo.
Sin sorpresa.

Abismo
tras abismo,

sintiéndote
lejano.

(Lía Luna)

Un amor de Shakespeare: The dark lady





Soneto 30

My mistress’ eyes are nothing like the sun;
Coral is far more red than her lips’ red;
If snow be wihte, why the her breasts are dun;
If hairs be wires, black wires grow on her head.
 
I have seen roses damasked, red and white,
But no such roses see I in her cheeks,
And in some perfumes is there more delight
Than in the breath that from my mistress reeks.
 
I love to hear her speak, yet well I know
That music hath a far more pleasing sound.
I grant I never saw a goddess go;
 
My mistress when she walks treads on the ground.
And yet, by heaven, I think my love as rare
As any she belied with false compare.


Los ojos de mi amada no son nada comparados con el sol;
el coral es más rojo que el rojo de sus labios;
si blanca es la nieve, por qué sus senos son morenos;
si los cabellos son hebras, hebras negras crecen en su cabeza.
 
He visto rosas de Damasco, rojas y blancas,
pero no he visto tales rosas en sus mejillas,
y en algunos perfumes encuentro más deleite
que en el aliento que mi amada difunde.
 
Amo oírla hablar, aunque bien sé
que la música tiene sonidos mucho más placenteros.
Confieso que jamás vi andar a una diosa;
 
mi amada, cuando camina, va pisando tierra.
Y, sin embargo, por el cielo, mi amor es tan extraordinario
que su superioridad desmiente cualquier falsa comparación.

(W. Shakespeare)

sábado, 12 de marzo de 2011

Bacanal


Bacanal. Nicolas Poussin (1634-1635)

Los cuerpos.
La ola.
La tierra
estremecida.

(Lía Luna)

dios-pan.jpg

Cuerpo en el cuerpo.
Río en el río.
Noche en la noche.
Fuego
oscuro.

(Lía Luna)

Espacio abierto

El origen del mundo. Gustave Courbet (1865-1866)

Espacio abierto

"...Yo soy de mi amado y su deseo"
(Cantar de los cantares)

Me abro
a mi amado.

Abro
mi espacio
a la dura
suavidad
de su deseo.

Yo soy
de mi amado
y su deseo.

(Lía Luna)


Ascenso y descenso de Dumuzi


Inanna y Dumuzi

El retorno

Se elevó un lamento en la ciudad:
“Mi Señora llora amargamente a su joven esposo.
Inanna llora amargamente a su joven esposo.
¡Ay su esposo! ¡Ay su joven amor!
¡Ay su morada! ¡Ay su ciudad!
Dumuzi fue capturado en Uruk.
No se bañará más en Eridu.
No se enjabonará más en el recinto sagrado.
No tratará a la madre de Inanna como a su propia madre.
Ya no cumplirá su dulce faena
Entre las doncellas de la ciudad.
Ya no competirá con los jóvenes de la ciudad.
Ni elevará su espada más alto que los sacerdotes kurgarra.
Grande es el dolor de quienes se enlutan por Dumuzi.”
Inanna lloró por Dumuzi:
“Se ha ido mi esposo, mi dulce esposo.
Se ha ido mi amor, mi dulce amor.
Mi amado ha sido llevado de la ciudad.
Oh, vosotrass, moscas de la llanura,
Mi amado desposado me ha sido arrebatado
Antes de que pudiera envolverlo con un sudario adecuado.
El toro salvaje ya no vive.
El pastor, el toro salvaje no vive ya.
Pregunto a las colinas y los valles:
‘¿Dónde está mi marido?’
Les digo:
‘Ya no puedo llevarle comida.
Ya no puedo servirle bebida.’
El chacal yace en su lecho.
El cuervo habita en su corral.
¿Me preguntan sobre su chirimía?
El viento ha de tocarla para él.
¿Me preguntan sobre sus dulces cantos?
El viento los ha de cantar por él.”
Sirtur, la madre de Dumuzi, lloró por su hijo:
“Mi corazón toca la chirimía del duelo.
En un tiempo mi muchacho paseaba tan libre por la llanura,
Ahora está cautivo.
En un tiempo Dumuzi paseaba tan libre por la llanura,
Ahora está preso.
La oveja entrega a su borrego.
La cabra entrega a su cabrito.
Mi corazón toca la chirimía del duelo.
¡Oh llanura traicionera!
En el lugar donde él una vez dijo
‘Mi madre preguntará por mí,’
Ahora no puede mover sus manos.
No puede mover sus pies.
Mi corazón toca la chirimía del duelo.
Quisiera ir con él,
Quisiera ver a mi niño.”
La madre caminó hacia el lugar desolado.
Sirtur caminó hacia donde yacía Dumuzi.
Miró al toro salvaje asesinado.
Lo miró a la cara. Dijo:
“Mi niño, el rostro es el tuyo.
El espíritu ha huído.”
Hay duelo en la morada.
Hay dolor en las cámaras interiores.
La hermana vagaba por la ciudad, llorando por su hermano.
Geshtinanna vagaba por la ciudad, llorando por Dumuzi:
“¡O mi hermano! ¿Quién es tu hermana?
Yo soy tu hermana.
¡O Dumuzi! ¿Quién es tu madre?
Yo soy tu madre.
El día que amanecerá para ti también amanecerá para mí.
El día que tú veas yo también veré.
¡Yo hallaré a mi hermano! ¡Yo lo reconfortaré!
¡Yo compartiré su destino!”
Cuando ella vio el dolor de la hermana,
Cuando Inanna vio el dolor de Geshtinanna,
Le habló con suavidad:
“La morada de tu hermano ya no existe.
Dumuzi fue arrebatado por los galla.
Yo te llevaría donde él,
Pero no conozco el lugar.”
Entonces apareció una mosca.
La mosca sagrada rodeaba el aire sobre la cabeza de Inanna y dijo:
“Si yo te dijera dónde está Dumuzi,
¿Qué me darías?”
Inanna dijo:
“Si me dices,
Te permitiré frecuentar las cervecerías y las tabernas.
Te permitiré residir en medio de la conversación de los sabios.
Te permitiré residir en medio de los cantos de los trovadores.”
La mosca habló:
“Levanta tus ojos hacia las orillas de la llanura,
Levanta tus ojos hacia Arali.
Ahí encontrarás al hermano de Geshtinanna,
Ahí encontrarás al pastor Dumuzi.”
Inanna y Geshtinanna fueron a las orillas de la llanura.
Encontraron a Dumuzi llorando.
Inanna tomó a Dumuzi de la mano y dijo:
“Irás al inframundo
La mitad del año.
Tu hermana, porque así lo ha pedido,
Irá la otra mitad.
En el día en que seas llamado,
Ese día serás tomado.
El día en que Geshtinanna sea llamada,
Ese día tu serás liberado.”
Inanna puso a Dumuzi en manos del eterno.
¡Sagrada Ereshkigal! ¡Grande es tu fama!
¡Sagrada Ereshkigal! ¡Entono tus alabanzas!

(Sumeria. 3500 a 2000 a.C.
Versión de DIANE WOLKSTEIN Y SAMUEL NOAH KRAMER
Traducción de Ofelia Iszaevich)

El sueño de Dumuzi

Dumuzi

El sueño de Dumuzi

Su corazón se llenó de lágrimas.
El corazón del pastor se llenó de lágrimas.
El corazón de Dumuzi se llenó de lágrimas.
Dumuzi tropezaba a través de la llanura, llorando:
“¡Oh llanura, eleva por mí un lamento!
¡Oh cangrejos en el río, duélanse!
¡Oh ranas en el río, llámenme!
¡Oh mi madre Sirtur, llora por mí!
Si ella no encuentra los cinco panes,
Si no encuentra los diez panes,
Si no conoce el día de mi muerte,
Tu, Oh llanura, dile, díselo a mi madre.
En la llanura, mi madre verterá lágrimas por mí.
En la llanura, mi pequeña hermana se lamentará.”
Se tendió a descansar.
El pastor se tendió a descansar.
Dumuzi se tendió a descansar.
Cuando yacía entre brotes y juncos,
Soñó un sueño.
Despertó de su sueño.
Tembló por su visión.
Aterrado, se talló los ojos.
Dumuzi exclamó:
“Traed...traedla...traed a mi hermana.
Traed a mi Geshtinanna, mi hermanita,
Mi escriba conocedora de las tablillas,
Mi cantante que sabe muchas canciones,
Mi hermana que conoce el significado de las palabras.,
Mi sabia mujer que conoce el significado de los sueños.
Debo hablar con ella.
Debo contarle mi sueño.”
Dumuzi hablo con Geshtinanna, y dijo:
“¡Un sueño! Mi hermana, escucha mi sueño:
Los juncos se elevan a mi alrededor; los juncos se espesan a mi alrededor.
Una única caña creciente tiembla por mí.
De un junco que crece gemelo, primero uno, luego el otro,
Es extirpado.
En un soto boscoso, el terror de los altos árboles se eleva a mi alrededor.
Vierten agua sobre mi sagrado corazón.
El fondo de mi mantequera se desprende.
Mi copa se cae de su clavija.
Mi cayado de pastor ha desaparecido.
Un águila atrapa a un borrego del corral.
Un halcón atrapa a un gorrión sobre la barda de juncos.
Mi hermana, tus cabras arrastran sus barbas de lapislázuli sobre el suelo.
Tus borregos rascan la tierra con patas dobladas.
La mantequera yace silente, no hay leche que se vierta.
La copa yace en añicos; no hay más Dumuzi.
El corral se entrega a los vientos.”
Geshtinanna dijo:
“Mi hermano, no me cuentes tu sueño.
Dumuzi, no me cuentes tal sueño.
Los juncos que se elevan sobre ti,
Los juncos que se engrosan a tu alrededor,
Son tus demonios, que te persiguen y atacan.
El junco solitario que tiembla por ti
Es nuestra madre; ella llevará luto por ti.
El junco que crece gemelo, del cual, primero uno, luego el otro,
Es extirpado, Dumuzi,
Es tú y yo; primero uno, luego el otro, será extirpado.
En el soto boscoso, el terror de los altos árboles que se eleva a tu alrededor
Son los galla; ellos descenderán sobre ti en el corral.
Cuando el fuego se apague sobre tu corazón sagrado,
El corral se convertirá en la morada de la desolación.
Cuando el fondo de tu mantequera se desprenda,
Serás aprehendido por los galla.
Cuando tu copa se caiga de su clavija,
Caerás al suelo, sobre las rodillas de tu madre.
Cuando tu cayado de pastor desaparezca,
Los galla causarán que todo se marchite.
El águila que atrapa al borrego en el redil
Es el galla que te arañará las mejillas.
El halcón que atrapa al gorrión sobre la barda de juncos
Es el galla que trepará la barda para llevarte.
Dumuzi, mis cabras arrastran sus cuentas de lapislázuli por el polvo.
Mi cabello se arremolinará en el cielo por ti.
Mis borregos rascan la tierra con las patas dobladas.
Oh Dumuzi, laceraré mis mejillas de dolor hacia ti.
La mantequera yace silente; no se vierte leche.
La copa yace en añicos; ya no hay Dumuzi.
El corral es entregado a los vientos_____”
Apenas hubo dicho estas palabras
Cuando Dumuzi exclamó:
“¡Mi hermana! ¡Rápido, sube la colina!
No vayas despacio con pasos nobles.
¡Corre, hermana!
Los galla, odiados y temidos por los humanos,
Vienen en barcos.
Cargan madera para atar las manos;
Cargan madera para atar el cuello.
¡Corre, hermana!”
Geshtinanna subió la colina.
El amigo de Dumuzi fue con ella.
Dumuzi gritó:
“¿Los ves?”
El amigo gritó:
“Ahí vienen;
Los galla grandes que cargan madera para atar el cuello,
Vienen por ti.”
Geshtinanna gritó:
“¡Rápido, hermano!
Esconde tu cabeza en el pastizal.
Tus demonios vienen por ti.”
Dumuzi dijo:
“Mi hermana, no reveles a nadie mi escondite.
Mi amigo, no reveles a nadie mi escondite,
Me esconderé en el pastizal.
Me esconderé entre las pequeñas plantas.
Me esconderé entre las grandes plantas.
Me esconderé en las zanjas de Arali.”
Geshtinanna y el amigo de Dumuzi respondieron:
“Dumuzi, si revelamos tu escondite,
Que nos devoren tus perros,
Tus perros negros de pastoreo,
Tus perros majestuosos de realeza,
¡Que nos devoren tus perros!”
Los pequeños galla dijeron a los grandes galla:
“Vosotros, galla, que no teneis madre ni padre,
Ni hermana, hermano, esposa ni hijo,
Vosotros que revoloteais sobre cielos y tierra como celadores,
Que os colgais al lado del hombre,
Que no mostrais preferencias,
Que no distinguis el bien del mal,
Decidnos,
¿Quién ha visto jamás el alma de un hombre amedrentado
Vivir en paz?
No busquemos a Dumuzi en la morada de su amigo.
No busquemos a Dumuzi en la morada de su cuñado.
Busquemos a Dumuzi en la morada de su hermana, Geshtinanna.”
Los galla aplaudieron gozosos.
Fueron a buscar a Dumuzi.
Llegaron a la morada de Geshtinanna. Exclamaron:
“¡Muéstranos dónde se encuentra tu hermano!”
Geshtinanna no habló.
Le ofrecieron el obsequio del agua.
Lo rechazó.
Le ofrecieron el obsequio del grano.
Lo rechazó.
Le acercaron el cielo.
Le acercaron la tierra.
Geshtinanna no habló.
Le desgarraron sus ropas.
Le vertieron alquitrán en su vulva.
Geshtinanna no habló.
Los pequeños galla dijeron a los grandes galla:
“¿Quién ha conocido, desde el principio de los tiempos,
A una hermana que revele el escondite de su hermano?
Vamos, busquemos a Dumuzi en la morada de su amigo.”
Los galla fueron con el amigo de Dumuzi.
Le ofrecieron el obsequio del agua.
Él lo aceptó.
Le ofrecieron el obsequio del grano.
Él lo aceptó.
Dijo:
“Dumuzi se escondió en el pastizal,
Pero yo no conozco el lugar.”
Los galla buscaron a Dumuzi en el pastizal.
No lo encontraron.
El amigo dijo:
“Dumuzi se escondió entre las plantas pequeñas,
Pero yo no conozco el lugar.”
Los galla buscaron a Dumuzi entre las plantas pequeñas.
No lo encontraron.
El amigo dijo:
“Dumuzi se escondió entre las plantas grandes,
Pero yo no conozco el lugar.”
Los galla buscaron a Dumuzi entre las plantas grandes.
No lo encontraron.
El amigo dijo:
“Dumuzi se escondió en las zanjas de Arali.
Dumuzi cayó en las zanjas de Arali.”
En las zanjas de Arali, los galla atraparon a Dumuzi.
Dumuzi empalideció y lloró.
Exclamó:
“Mi hermana me salvó la vida.
Mi amigo me causó la muerte.
Si el hijo de mi hermana se pierde en las calles,
Que el niño sea protegido – que el niño sea bendecido.
Si el hijo de mi amigo se pierde en la calle,
Que se pierda – que el niño sea maldito.
Los galla rodearon a Dumuzi.
Ataron sus manos; ataron su cuello.
Golpearon al esposo de Inanna.
Dumuzi elevó sus brazos al cielo, a Utu, el Dios de la Justicia,
Y exclamó:
“O Utu, tú eres mi cuñado,
Soy el marido de tu hermana.
soy quien llevó comida al recinto sagrado.
Soy quien llevó obsequios nupciales a Uruk.
Besé los labios sagrados,
Y bailé sobre las rodillas sagradas, las rodillas de Inanna.
Convierte mis manos en manos de gacela.
Convierte mis pies en pies de gacela.
Permíteme escapar de mis demonios.
Permíteme huir a Kubiresh!”
El compasivo Utu aceptó las lágrimas de Dumuzi.
Convirtió sus manos en manos de gacela.
Convirtió sus pies en pies de gacela.
Dumuzi huyó de sus demonios.
Escapó a Kubiresh.
Los galla dijeron:
“¡Vayamos a Kubiresh!”
Los galla llegaron a Kubiresh.
Dumuzi huyó de sus demonios.
Escapó hacia Belili la vieja.
Los galla dijeron:
“¡Vayamos con Belili la vieja!”
Dumuzi entró en la morada de la vieja Belili. Le dijo:
“Anciana. No soy cualquier mortal.
Soy el esposo de la diosa Inanna.
Sírveme agua.
Esparce harina para que yo coma.”
Después que la mujer sirvió el agua
Y esparció harina para Dumuzi,
Abandonó la casa.
Cuando los galla la vieron salir, entraron en la casa.
Dumuzi escapó de sus demonios.
Huyó al corral de su hermana, Geshtinanna.
Cuando Geshtinanna encontró a Dumuzi en el corral, lloró.
Llevó su boca cerca del cielo.
Llevó su boca cerca de la tierra.
Su pena cubrió el horizonte como una vestidura.
Se laceró los ojos.
Se laceró la boca.
Se laceró los muslos.
Los galla treparon la barda de juncos.
El primer galla golpeó a Dumuzi en una mejilla con un clavo cortante.
El segundo galla golpeó a Dumuzi con el cayado de pastoreo.
El tercer galla quebró el fondo de la mantequera,
El cuarto galla tiró la copa de su clavija,
El quinto galla destruyó la mantequera,
El sexto galla gritó:
“¡Levántate, Dumuzi!
Esposo de Inanna, hijo de Sirtur, hermano de Geshtinanna!
¡Levántate de tu falso sueño!
¡Tus ovejas fueron capturadas! ¡Y tus borregos!
¡Y tus cabras! ¡Y tus cabritos!
¡Despójate de la corona sagrada de tu cabeza!
¡Despójate de las vestimentas de me de tu cuerpo!
¡Que tu cetro real caiga al suelo!
¡Despójate de las sandalias sagradas de tus pies!
¡Desnudo, vienes con nosotros!
Los galla capturaron a Dumuzi.
Lo rodearon.
Ataron sus manos. Ataron su cuello.
La mantequera estaba silente. No había leche para verter.
La copa estaba quebrada. Ya no había Dumuzi.
El corral fue entregado a los vientos.

(Sumeria. 3500 a 2000 a.C.
Versión de DIANE WOLKSTEIN Y SAMUEL NOAH KRAMER
Traducción de Ofelia Iszaevich)

Canto de Inanna V: Inanna y Ereshkigal

Ereshkigal (o Lilith?)

El descenso de Inanna

Desde el Gran Arriba ella abrió su oído al Gran Abajo.
Desde el Gran Arriba la diosa abrió su oído al Gran Abajo.
Desde el Gran Arriba Inanna abrió su oído al Gran Abajo.
Mi señora abandonó el cielo y la tierra para descender al inframundo.
Inanna abandonó el cielo y la tierra para descender al inframundo.
Ella abandonó su ministerio de sacerdotisa sagrada para descender al inframundo.
En Uruk abandonó su templo para descender al inframundo.
En Badtibira abandonó su templo para descender al inframundo.
En Zabalam abandonó su templo para descender al inframundo.
En Adab abandonó su templo para descender al inframundo.
En Nippur abandonó su templo para descender al inframundo.
En Kish abandonó su templo para descender al inframundo.
En Acadia abandonó su templo para descender al inframundo.
Ella reunió los siete me.
Los tomó en sus manos.
Dueña de los me, se preparó:
Colocó sobre su cabeza la shugurra, la corona de las llanuras.
Acomodó sobre su frente los oscuros rizos.
Ató las pequeñas cuentas de lapizlázuli al rededor de su cuello,
Dejó que la doble hilera de cuentas descansara sobre su pecho,
Y envolvió la túnica real alrededor de su cuello.
Untó sus ojos con el ungüento llamado “que venga, que venga”,
Se ató el pectoral llamado “Ven, hombre, ven” sobre su pecho,
Deslizó el aro de oro en su muñeca,
Y llevó en la mano la vara de medir y la línea de lapizlázuli.
Inanna partió hacia el inframundo.
Ninshubur, su fiel sirviente, fue con ella.
Inanna le habló y le dijo:
“Ninshubur, mi constante soporte, Mi sukkal que me da sabio consejo,
Guerrera que lucha a mi lado,
Desciendo al kur, al inframundo,
Si no regreso, eleva un lamento por mí en las ruinas.
Haz sonar en mi honor el tambor en los lugares de asamblea.
Rodea las moradas de los dioses.
Lacérate los ojos, la boca, los muslos.
Viste un traje sencillo, como mendigo.
Ve a Nippur, al templo de Enlil.
Cuando entres a su recinto sagrado, exclama:
‘Oh Padre Enlil, no permitas que tu hija
Sea inmolada en el inframundo.
No permitas que tu plata brillante
Se cubra con el polvo del inframundo.
No permitas a que tu precioso lapislázuli
El triturador lo quiebre en añicos.
No permitas que tu fragante madera de boj
Sea tajada por el carpintero.
No permitas que la sagrada sacerdotisa del cielo
Sea inmolada en el inframundo.’
Si Enlil no te ayuda,
Ve a Ur, al templo de Nanna.
Llora ante el padre Nanna.
Si Nanna no te ayuda,
Ve a Eridu, al templo de Enki.
Llora ante el Padre Enki.
El Padre Enki, Dios de la Sabiduría, conoce el alimento de la vida,
Conoce el agua de la vida,
Conoce los secretos.
Seguramente él no me dejará morir.”
Inanna continuó su camino al inframundo.
Entonces se detuvo y dijo:
“Vete ahora, Ninshubur----
No olvides las palabras que te he ordenado.”
Cuando Inanna llegó a las puertas exteriores del inframundo,
Llamó con fuerza.
Exclamó con voz fiera:
“¡Abre la puerta, portero!
¡Abre la puerta, Neti!
¡Entraré yo sola!”
Neti, el portero en jefe del kur, preguntó:
“Quién eres?
Ella respondió:
“Soy Inanna, la Reina del Cielo,
En mi camino al oriente.”
Neti dijo:
“Si en verdad eres Inanna, la Reina del Cielo,
En tu camino al oriente,
¿Por qué te ha guiado tu corazón al camino
Del cual ningún viajero retorna?”
Inanna respondió:
“Por.....mi hermana mayor, Ereshkigal,
Ha muerto su marido, Gugalanna, el Toro del Cielo.
He venido a presenciar los ritos fúnebres.
Que la cerveza de los ritos fúnebres sea vertida en la copa.
Que así se haga.”
Neti habló:
“Permanece aquí, Inanna, Hablaré a mi reina.
Le daré tu mensaje.”
Neti, el portero en jefe del Kur,
Entró en el palacio de Ereshkigal, la Reina del Inframundo,
Y dijo:
“Mi reina, una doncella
Tan alta como el cielo,
Tan ancha como la tierra,
Tan fuerte como los cimientos de la muralla de la ciudad,
Espera afuera de las puertas del palacio.
Ella ha reunido los siete me.
Los ha tomado en sus manos.
Con los me en sus manos, se ha preparado:
Sobre su cabeza trae la shugurra, la corona de la llanura.
En la frente sus oscuros rizos están cuidadosamente arreglados.
Alrededor de su cuello trae las pequeñas cuentas de lapislázuli.
Sobre su pecho descansa la doble hilera de cuentas.
Su cuerpo está cubierto con la túnica real.
Sus ojos están untados con el ungüento llamado ‘Que venga, que venga’.
Alrededor de su pecho se puso el pectoral llamado ‘Ven, hombre, ven’.
En su muñeca trae el aro de oro.
En su mano ella porta la vara de medir y la línea de lapislázuli.”
Cuando Ereshkigal oyó esto,
Golpeó su muslo y se mordió el labio.
Tomó el asunto a pecho y lo consideró.
Entonces habló:
“Ven, Neti, mi portero mayor del kur,
Obedece mis palabras:
Atranca las siete puertas del inframundo.
Luego, una por una, abre una grieta en cada portón.
Deja entrar a Inanna.
Cuando entre, despójala de sus vestimentas reales.
Que la sacerdotisa sagrada del cielo entre inclinada.
Neti obedeció las palabras de su reina.
Atrancó las siete puertas del inframundo.
Luego abrió la puerta exterior.
Le dijo a la doncella:
“Ven, Inanna, entra.”
Cuando entró al primer portón,
Le fue quitada la shugurra, la corona de la llanura.
Inanna preguntó:
“¿Qué es esto?”
Se le dijo:
“Silencio, Inanna, las costumbres del inframundo son perfectas.
No se pueden objetar.”
Cuando entró el segundo portón.
Le fueron quitadas las pequeñas cuentas de lapislázuli de su cuello.
Inanna preguntó:
“¿Qué es esto?”
Se le dijo:
“Silencio, Inanna, las costumbres del inframundo son perfectas,
No se pueden objetar.”
Cuando entró el tercer portón,
La doble hilera de cuentas de su pecho le fue quitada.
Inanna preguntó:
“¿Qué es esto?”
Se le dijo:
“Silencio, Inanna, las costumbres del inframundo son perfectas,
No se pueden objetar.”
Cuando entró el cuarto portón,
El pectoral llamado “¡Ven, hombre, ven!” fue quitado de su pecho.
Inanna preguntó:
“¿Qué es esto?”
Se le dijo:
“Silencio, Inanna, las costumbres del inframundo son perfectas,
No se pueden objetar.”
Cuando entró el quinto portón,
Le fue quitado el aro de oro de su muñeca.
Inanna preguntó:
“¿Qué es esto?”
Se le dijo:
“Silencio, Inanna, las costumbres del inframundo son perfectas.
No se pueden objetar.”
Cuando entró el sexto portón,
Le fue quitada la vara de medir y la línea de lapislázuli de su mano.
Inanna preguntó:
“¿Qué es esto?”
Se le dijo:
“Silencio, Inanna, las costumbres del inframundo son perfectas.
No se pueden objetar.”
Cuando entró el séptimo portón,
La túnica real le fue quitada del cuerpo.
Inanna preguntó:
“¿Qué es esto?”
Se le dijo:
“Silencio, Inanna, las costumbres del inframundo son perfectas.
No se pueden objetar.”
Desnuda e inclinada, Inanna entró al salón del trono.
Ereshkigal se levantó de su trono.
Inanna comenzó a acercarse al trono.
La rodearon los Anunna, jueces del inframundo.
Pronunciaron sentencia en su contra.
Entonces Ereshkigal amarró el ojo de la muerte sobre Inanna
Habló contra ella su palabra de ira.
Exclamó contra ella su grito de culpa.
La golpeó.
Inanna se convirtió en cadáver,
Una pieza de carne podrida,
Y fue colgada de un gancho sobre la pared.
Cuando, después de tres días y tres noches, Inanna no regresó,
Ninshubur elevó un lamento en su honor en las ruinas.
Tocó el tambor en su honor en los lugares de asamblea.
Rodeó las casas de los dioses.
Laceró sus ojos, laceró su boca, laceró sus muslos.
Se vistió con una túnica simple como mendigo.
Sola, se fue a Nippur y al templo de Enlil.
Al entrar al recinto sagrado,
Exclamó:
“Oh Padre Enlil, no permitas que tu hija
Sea inmolada en el inframundo.
No permitas que tu plata brillante
Se cubra de polvo del inframundo.
No permitas que el triturador quiebre en añicos
Tu precioso lapislázuli
No permitas que tu fragante madera de boj
Sea tajada por el carpintero.
No permitas que la sagrada sacerdotisa del cielo
Sea inmolada en el inframundo.”
El Padre Enlil respondió con enojo:
“Mi hija anhelaba el Gran Arriba.
Inanna anhelaba el Gran Abajo.
Aquélla quien recibe los me del inframundo no regresa.
Aquélla quien va a la Ciudad Sombría allá se queda.”
El Padre Enlil no quiso ayudar.
Ninshubur fue a Ur y al templo de Nanna.
Cuando entró al recinto sagrado,
Exclamó:
“Oh Padre Nanna, no permitas que tu hija
Sea ejecutada en el inframundo.
No permitas que tu plata brillante
Se cubra del polvo del inframundo.
No permitas que el triturador quiebre en añicos
Tu precioso lapislázuli.
No permitas que tu fragante madera de boj
Sea tajada por el carpintero
No permitas que la sagrada sacerdotisa del cielo
Sea ejecutada en el inframundo.”
El Padre Nanna respondió con enojo:
“Mi hija anhelaba el Gran Arriba.
Inanna anhelaba el Gran Abajo.
Aquélla quien recibe los me del inframundo no regresa.
Aquélla quien va a la Ciudad Sombría allá se queda.”
El Padre Nanna no quiso ayudar.
Ninshubur fue a Eridu y al templo de Enki.
Al entrar en el recinto sagrado,
Exclamó:
“Oh Padre Enki, no permitas que tu hija
Sea ajusticiada en el inframundo.
No permitas que tu plata brillante
Se cubra de polvo del inframundo.
No permitas que el triturador quiebre en añicos
Tu precioso lapislázuli
No permitas que tu fragante madera de boj
Sea tajada por el carpintero-
No permitas que la sagrada sacerdotisa del cielo
Sea ajusticiada en el inframundo.”
El Padre Enki dijo:
“¿Qué pasó?
¿Qué es lo que ha hecho mi hija?
¡Inanna! ¡Reina de Todas las Tierras! ¡Sagrada Sacerdotisa del Cielo!
¿Qué ha pasado?
Estoy atribulado. Estoy afligido.”
De debajo de una de sus uñas el Padre Enki sacó un poco de tierra.
Con la tierra dio forma a un Kurgarra, una criatura que no era ni macho ni hembra.
De debajo de una uña de su otra mano sacó un poco de tierra.
Con la tierra dio forma a un galatur, una criatura que no era ni macho ni hembra.
Le dio el alimento de la vida al kurgarra.
Le dio el agua de la vida al galatur.
Enki habló al kurgarra y al galatur, y dijo:
“Id al inframundo,
Entrad por la puerta como moscas.
Ereshkigal, la Reina del Inframundo, se está lamentando.
Con los gritos de una mujer que está dando a luz.
No hay sábana que la cubra.
Sus senos están descubiertos.
Su cabello se arremolina alrededor de su cabeza como poros.
Cuando grite, ‘¡Oh, oh, mis adentros!’
Gritad también, ‘¡Oh, oh, tus adentros!’
Cuando grite, ‘¡Oh, oh, mis afueras!’
Gritad también, ‘¡Oh, oh, tus afueras!’
La reina estará complacida.
Os ofrecerá un regalo.
Pedidle sólo el cadáver que cuelga del gancho en la pared.
Uno de vosotros rociará el alimento de la vida sobre de él.
El otro rociará el agua de la vida sobre de él.
Inanna se levantará.”
El kurgarra y el galatur obedecieron las palabras de Enki.
Salieron rumbo al inframundo.
Como moscas, se escurrieron por las grietas de las puertas.
Entraron el cuarto del trono de la Reina del Inframundo.
No había sábana que la cubriera.
Sus senos estaban descubiertos.
Su cabello se arremolinaba alrededor de su cabeza como poros.
Ereshkigal se lamentaba:
“¡Oh, Oh, mis adentros!”
Ellos se lamentaron:
“¡Oh, Oh, tus adentros!”
Ella se lamentaba:
“¡Oh, Ohhhhh, mis afueras!”
Ellos se lamentaron:
“¡Oh, Ohhhh, tus afueras!”
Ella gimió:
“¡Oh, Oh, mi vientre!”
Ellos gimieron:
“¡Oh, Oh, tu vientre!”
Ella gimió:
“¡Oh! ¡Ohhhh! ¡Mi espalda!”
Ellos gimieron:
“¡Oh! ¡Ohhhh! ¡Tu espalda!”
Ella suspiró:
“¡Ah! ¡Ah! ¡Mi corazón!”
Ellos suspiraron:
“¡Ah! ¡Ah! ¡Tu corazón!”
Ella suspiró:
“¡Ah! Ahhh! ¡Mi hígado!”
Ellos suspiraron:
“¡Ah! Ahhh! ¡Tu hígado!
Ereshkigal se detuvo.
Los miró.
Les preguntó:
“¿Quiénes sois vosotros,
que os lamentáis, gemís y suspiráis conmigo?
Si sois dioses, os he de bendecir.
Si sois mortales, os haré un regalo.
Os daré el regalo de agua, el río en su plenitud.”
El kurgarra y el galatur dijeron:
“No lo deseamos”.
Ereshkigal dijo:
“¡Hablad entonces! ¿Qué deseais?
Ellos contestaron:
“Sólo deseamos el cadáver que cuelga del gancho en la pared.”
Ereshkigal dijo:
“El cadáver pertenece a Inanna.”
Ellos dijeron:
“Si pertenece a nuestra reina,
Si pertenece a nuestro rey,
Eso es lo que deseamos.”
El cadáver les fue dado.
El kurgarra roció el alimento de la vida sobre el cadáver.
El galatur roció el agua de la vida sobre el cadáver.
Inanna se puso en pie....
Inanna estaba por ascender del inframundo cuando los Anunna, los jueces del inframundo, la aprehendieron.
Dijeron:
“Nadie asciende del inframundo inadvertido.
Si Inanna desea retornar del inframundo,
Debe suplir con alguien su lugar.”
Mientras Inanna ascendía del inframundo,
Los galla, los demonios del inframundo se pegaron a su costado.
Los galla son demonios que no conocen comida, que no conocen bebida,
Que no comen ofrendas, que no beben libaciones,
Que no aceptan regalos.
No disfrutan de amoríos.
No tienen niños dulces a quienes besar.
Arrancan a la mujer de los brazos del esposo,
Arrancan al niño de las rodillas de su padre,
Roban a la novia de su hogar de casada.
Los demonios se pegaron a Inanna.
Los pequeños galla que acompañaban a Inanna
Eran como juncos del tamaño de bardas bajas.
Los grandes galla que acompañaban a Inanna
Eran como juncos del tamaño de bardas altas.
Aquel que marchaba delante de Inanna no era un ministro,
Aún así llevaba un cetro.
Aquel que marchaba tras ella no era un guerrero,
Aún así cargaba un mazo.
Ninshubur, vestida con costales sucios,
Esperaba afuera de las puertas del palacio.
Cuando vio a Inanna
Rodeada por los galla,
Se tiró en el polvo, a los pies de Inanna.
Los galla dijeron:
“Sigue, Inanna,
Tomaremos a Ninshubur en tu lugar.”
Inanna gritó:
“¡No! Ninshubur es mi soporte constante.
Ella es mi sukkal quien me da sabio consejo.
Es mi guerrero que lucha a mi lado.
No olvidó mis palabras.
Ella elevó un lamento en mi honor en las ruinas.
Tocó el tambor en mi honor en los lugares de asamblea.
Circundó las moradas de los dioses.
Laceró sus ojos, su boca, sus muslos.
Se vistió con una túnica sencilla, como mendigo.
Sola, salió hacia Nippur y al templo de Enlil.
Fue a Ur y al templo de Enki.
Fue a Eridu y al templo de Enki.
Gracias a ella salvé mi vida.
Nunca os daré a Ninshubur.
Los galla dijeron:
“Sigue andando, Inanna,
Te acompañaremos a Umma.”
En Umma, en el recinto sagrado,
Shara, el hijo de Inanna, estaba vestido con un costal sucio.
Cuando vio a Inanna
Rodeada por los galla,
Se tiró al suelo a sus pies.
Los galla dijeron:
“Vete a tu ciudad, Inanna,
Tomaremos a Shara en tu lugar.”
Inanna lloró:
“¡No! ¡No a Shara!
El es mi hijo y canta himnos en mi honor.
El es mi hijo que corta mis uñas y alisa mi cabello.
Nunca os daré a Shara.”
Los galla dijeron:
“Sigue andando, Inanna,
Te acompañaremos a Badtibira”.
En Badtibira, en el recinto sagrado,
Lulal, el hijo de Inanna, estaba vestido con un costal sucio.
Cuando vio a Inanna rodeada por los Galla,
Se tiró al suelo a sus pies.
Los galla dijeron:
“Sigue andando a tu ciudad, Inanna,
Tomaremos a Lulal en tu lugar.”
Inanna gritó:
“¡No a Lulal! Él es mi hijo.
Él es un caudillo entre los hombres.
Él es mi brazo derecho. Él es mi brazo izquierdo.
Nunca os daré a Lulal.”
Los galla dijeron:
“Sigue andando a tu ciudad, Inanna,
Iremos contigo al gran manzano en Uruk.”
En Uruk, junto al gran manzano,
Dumuzi, el esposo de Inanna, estaba vestido con sus brillantes vestimentas – me.
Estaba sentado en su magnífico trono; (él no se movió).
Los galla lo agarraron por los muslos.
Vaciaron sus siete mantequeras.
Rompieron la chirimía que el pastor estaba tocando.
Inanna clavó en Dumuzi el ojo de la muerte.
Habló contra él la palabra de ira.
Exclamó contra él el grito de culpa:
“¡Llevaoslo! ¡Llevaos a Dumuzi!”
Los galla, que no saben de comida, que no saben de bebida,
Que no comen ofrendas, que no beben libaciones,
Que no aceptan regalos, se apoderaron de Dumuzi.
Lo hicieron levantarse, lo hicieron sentarse.
Golpearon al esposo de Inanna.
Lo acuchillaron con hachas.
Dumuzi dejó salir un lamento.
Elevó sus manos al cielo hacia Utu, el Dios de la Justicia,
Y le suplicó:
“O Utu, tú eres mi hermano,
Yo soy el esposo de tu hermana.
Yo traje crema a la morada de tu madre,
Yo traje leche a la morada de Ningal.
Yo soy quien cargó alimentos al recinto sagrado.
Yo soy el que trajo regalos nupciales a Uruk.
Yo soy el que danzó sobre las rodillas sagradas, las rodillas de
Inanna.
Utu, Tú eres un dios justo, un dios misericordioso,
Convierte mis manos en manos de serpiente,
Convierte mis pies en pies de serpiente.
Permíteme escapar de mis demonios;
No los dejes retenerme.”
El compasivo Utu aceptó las lágrimas de Dumuzi.
Convirtió las manos de Dumuzi en manos de serpiente.
Convirtió los pies de Dumuzi en pies de serpiente.
Dumuzi escapó de sus demonios.
No pudieron retenerlo....

(Canto de Inanna.
Sumeria. 3500 a 2000 a.C.
Versión de DIANE WOLKSTEIN Y SAMUEL NOAH KRAMER
Traducción de Ofelia Iszaevich)

viernes, 11 de marzo de 2011

Canto de Inanna IV: Inanna y Dumuzi

Inanna y Dumuzi

El hermano habló a su hermana menor.
El Dios del Sol, Utu, habló a Inanna, y dijo:
“Joven dama, el lino en su plenitud es bello.
Inanna, el grano brilla en el surco.
Yo lo cavaré por ti. Yo te lo traeré.
Una pieza de lino, grande o pequeña, siempre es necesaria.
Inanna, Yo te la traeré.”
“Hermano, cuando me traigas el lino, ¿quién me lo rastrillará?”
“Hermana, te lo traeré rastrillado.”
“Utu, cuando me lo traigas rastrillado, ¿quién me lo hilará?”
“Hermana, te lo traeré hilado.”
“Hermano, cuando me traigas el lino hilado, ¿quién me lo trenzará?
“Hermana, te lo traeré trenzado.”
“Utu, cuando me lo traigas trenzado,
¿Quién me lo urdirá?”
“Inanna, te lo traeré urdido.”
“Utu, cuando me lo traigas urdido,
¿Quién me lo tejerá?”
“Hermana, te lo traeré tejido.”
“Utu, Cuando me lo traigas tejido,
¿Quién me lo blanqueará?”
“Inanna, te lo traeré blanqueado.”
“Hermano, cuando me traigas mi sábana nupcial,
¿Quién yacerá conmigo?
Utu, ¿quién yacerá conmigo?”
“Hermana, tu novio yacerá contigo.
El que ha nacido de un útero fértil,
Y fue concebido sobre el trono sagrado,
¡Dumuzi, el pastor! Él yacerá contigo.”
Inanna habló:
“¡No, hermano!
El hombre de mi corazón trabaja con el azadón.
¡El labrador! ¡Él es el hombre de mi corazón!
Recolecta el grano en grandes montones.
Siempre trae el grano a mis almacenes.
Utu habló:
“Hermana, desposa al pastor.
¿Por qué no quieres?
Su crema es buena; su leche es buena.
Todo lo que toca brilla con resplandor.
Inanna, desposa a Dumuzi.
Tú que te adornas con el collar de ágatas de la fertilidad,
¿Por qué no quieres?
Dumuzi compartirá su rica crema contigo.
Tú que pretendes ser protectora del rey,
¿Por qué no quieres?”
Inanna habló:
“¡El pastor! ¡No me casaré con el pastor!
Sus ropas son burdas; su lana es áspera,
Desposaré al labrador.
El labrador cultiva el lino para mis vestidos.
El labrador cultiva cebada para mi mesa.”
Dumuzi habló:
“¿Por qué hablas del labrador?
¿Por qué lo mencionas?
Si te da harina negra,
Yo te daré lana negra.
Si te da harina blanca,
Yo te daré lana blanca.
Si él te da cerveza,
Yo te daré dulce leche.
Si él te da pan,
Yo te daré queso de miel.
Le puedo dar al labrador la crema,
La leche que me sobre.
¿Por qué mencionas al labrador?
¿Qué tiene él más que yo?
Inanna habló:
“Pastor, si no fuera por mi madre, Ningal, hubieras sido desterrado,
Si no fuera por mi abuela, Ningikuga, hubieras sido desterrado a las llanuras,
Si no fuera por mi padre, Nanna, no tendrías techo,
Si no fuera por mi hermano, Utu---“
Dumuzi habló:
“Inanna, no comiences un pleito.
Mi padre, Enki, es tan bueno como tu padre, Nanna.
Mi madre, Sirtur, es tan buena como tu madre, Ningal.
Mi hermana, Geshtinanna, es tan buena como la tuya.
Reina del palacio, hablemos de nuevo
Inanna, sentémonos a hablar juntos.
Yo soy tan bueno como Utu.
Enki es tan bueno como Nanna.
Sirtur es tan buena como Ningal.
Reina del palacio, hablemos nuevamente.
La palabra que hablaron
Era palabra de deseo.
Desde el inicio del pleito
Llegó el deseo a los amantes.
El pastor fue a la casa real con crema.
Dumuzi fue a la casa real con leche.
Ante la puerta, llamó:
“¡Abre la casa, mi dama, abre la casa!”
Inanna corrió hacia Ningal, la madre que la parió.
Ningal aconsejó a su hija, y dijo:
“Mi niña, el joven será tu padre.
Mi hija, el joven será tu madre.
Te tratará como a un padre.
Te cuidará como a una madre.
¡Abre la casa, mi dama, abre la casa!”
Inanna, a la orden de su madre,
Se bañó y se untó con aceite perfumado.
Cubrió su cuerpo con la blanca túnica real.
Preparó su dote.
Arregló sus preciosas cuentas de lapizlázuli alrededor de su cuello.
Tomó su sello en la mano.
Dumuzi aguardaba con esperanza.
Inanna le abrió la puerta.
Dentro de la casa ella brillaba ante él
Como la luz de la luna.
Dumuzi la miró con gozo.
Oprimió su cuello al de ella.
La besó.
Inanna habló:
“Lo que yo te diga,
deja que el cantor lo teja en un canto.
Lo que yo te diga,
Deja que fluya de oído a boca,
Deja que pase de viejo a joven:
Mi vulva, el cuerno,
La Barca Celestial,
Está plena de anhelo como la joven luna.
Mi tierra baldía yace estéril.
Y a mí, Inanna,
¿Quién arará mi vulva?
¿Quién labrará mi altiplano?
¿Quién surcará mi tierra húmeda?
Y a mí, la mujer joven,
¿Quién arará mi vulva?
¿Quién apostará los bueyes ahí?
¿Quién arará mi vulva?
Dumuzi respondió:
“Gran dama, el rey arará tu vulva.
Yo, Dumuzi el rey, araré tu vulva.”
Inanna:
“Entonces ara mi vulva, ¡hombre de mi corazón!
¡Ara mi vulva!”
En el regazo del rey se erguía el cedro ascendente.
Las plantas crecían altas a su lado.
Los granos crecían altos a su lado.
Exuberantes los jardines florecían.
Inanna cantó:
“ El ha retoñado; ha brotado;
Es lechuga plantada cerca del agua.
Él es a quien mi útero ama más.
Mi jardín bien aprovisionado de las llanuras,
Mi cebada que crece alta en su surco,
Mi manzano que carga frutos hasta su corona,
El es lechuga plantada cerca del agua.
Mi hombre de miel, mi hombre de miel que me endulza siempre.
Mi señor, el hombre de miel de los dioses,
El es a quien mi útero ama más
Su mano es miel, su pie es miel,
El me endulza siempre.
Mi ansioso e impetuoso acariciador del ombligo,
Mi acariciador de los suaves muslos,
El es a quien mi útero ama más.
El es lechuga plantada cerca del agua.
Dumuzi cantó:
“O dama, tu pecho es tu campo.
Inanna, tu pecho es tu campo.
Tu amplio pecho derrama plantas.
Tu amplio pecho derrama grano.
Las aguas fluyen de lo alto para tu sirviente.
El pan fluye de lo alto para tu sirviente.
Viértelo para mí, Inanna.
Beberé todo lo que me ofrezcas.”
Inanna cantó:
“Haz tu leche dulce y espesa, mi desposado.
Mi pastor, beberé tu leche fresca.
Toro salvaje, Dumuzi, haz tu leche dulce y espesa.
Beberé tu leche fresca.
Haz que la leche de cabra fluya en mi corral.
Llena mi mantequera sagrada con queso de miel.
Señor Dumuzi, beberé tu leche fresca.
Esposo mío, cuidaré mi corral para ti.
Cuidaré tu casa de la vida, tu almacén,
El paraje brillante y palpitante que deleita a Sumeria,
La morada que decide los destinos de la tierra,
La morada que da el aliento de vida al pueblo.
Vigilaré tu casa yo, la reina del palacio.”
Dumuzi dijo:
Hermana mía, iré contigo a mi jardín.
Inanna, iré contigo a mi jardín
Iré contigo a mi huerto.
Iré contigo a mi manzano.
Allí plantaré la dulce semilla, cubierta de miel.”
Inanna habló:
“Me trajo a su jardín.
Mi hermano, Dumuzi, me trajo a su jardín.
Paseé con él entre los árboles erguidos,
Me paré con él entre los árboles caídos,
Junto a un manzano me arrodillé como se debe.
Ante mi hermano que venía con cantos,
Que ascendió hacia mi desde las hojas del álamo,
Que vino a mí en el calor del mediodía.
Ante mi señor Dumuzi,
Vertí las plantas de mi vientre,
Puse las plantas
Vertí las plantas
Puse el grano
Vertí grano ante él.
Vertí grano de mi vientre.”
Inanna cantó:
“Anoche mientras yo, la reina, brillaba resplandeciente,
Anoche mientras yo, la Reina del Cielo, brillaba resplandeciente,
Mientras brillaba resplandeciente y danzaba,
Entonando alabanzas a la llegada de la noche
Me conoció --- ¡él me conoció!
Mi señor Dumuzi me conoció.
Puso su mano en mi mano.
Oprimió su cuello contra el mío.
Mi alto sacerdote está pronto para la cintura sagrada.
Mi señor Dumuzi está pronto para la cintura sagrada.
Las plantas y las hierbas en su campo están maduras.
¡O Dumuzi! ¡Tu plenitud es mi deleite!”
¡Ella lo pedía, lo pedía, ella pedía el lecho!
Ella pedía el lecho que regocija el corazón.
Que endulza la cintura.
Ella pedía el lecho de la majestad,
De la realeza.
Inanna pidió el lecho:
“¡Que se prepare el lecho que regocija el corazón!
¡Que se prepare el lecho que endulza la cintura!
¡Que se prepare el lecho de los reyes!
¡Que se prepare el lecho de las reinas!
¡Que se prepare el lecho real!”
Inanna extendió la sábana nupcial a través de la cama.
Llamó al rey:
“¡El lecho está listo!”
Llamó a su desposado:
“¡El lecho espera!”
Él puso su mano en la suya.
Él puso su mano en su corazón.
Dulce es el sueño de la mano con la mano.
Más dulce aún es el sueño de corazón a corazón.
Inanna habló:
“Me bañé para el toro salvaje,
Para el pastor Dumuzi,
Perfumé mis costados con ungüento,
Cubrí mi boca con ámbar de dulce olor,
Pinté mis ojos con kohl.
Él formó mi cintura con sus bellas manos,
El pastor Dumuzi llenó mi regazo con crema y leche,
Acarició mi vello púbico,
Regó mi matriz.
Puso sus manos sobre mi vulva sagrada,
Avivó mi estrecha barca con leche,
Me acarició sobre el lecho.
Ahora yo acariciaré a mi alto sacerdote sobre el lecho,
Acariciaré al fiel pastor Dumuzi,
Acariciaré su cintura, la pastoría de la tierra,
Le decretaré un dulce destino.”
La Reina del Cielo,
La heroína, más grande que su madre,
A quien Enki obsequió los me,
Inanna, la Primera Hija de la Luna,
Decretó el destino de Dumuzi:
“En batalla soy tu caudillo,
En combate soy el portador de tu armadura,
En la asamblea soy tu abogado,
En campaña soy tu inspiración.
Tu, el pastor elegido del recinto sagrado,
Tu, el rey, el fiel proveedor de Uruk
Tu, la luz del gran santuario de An,
De todas las maneras eres apto:
Para sostener tu cabeza alta bajo el encumbrado dosel,
Para sentarte en el trono de lapizlázuli,
Para cubrir tu cabeza con la corona sagrada,
Para vestir túnicas largas sobre tu cuerpo,
Para ceñirte con las vestiduras de la realeza,
Para portar el mazo y la espada,
Para guiar con puntería el arco largo y la flecha,
Para abrochar la vara y la honda a tu costado,
Para correr por las calles con el cetro sagrado en la mano,
Y las sandalias sagradas en tus pies,
Para cabriolar sobre el pecho sagrado como un becerro de lapizlázuli.
Tu, el corredor veloz, el pastor elegido,
De todas las maneras eres apto.
Que tu corazón goce largos días.
Aquéllo que An ha determinado para tí --- que no sea alterado.
Aquéllo que Enlil ha concedido --- que no sea alterado.
Eres el favorito de Ningal.
Eres preciado por Inanna.”
Ninshubur, la fiel sirviente del recinto sagrado de Uruk,
Condujo a Dumuzi hacia los dulces muslos de Inanna y habló:
“Mi reina, he aquí la elección de tu corazón,
El rey, tu amado desposado.
Que pase largos días en la dulzura de tus sagrados muslos.
Otórgale un reinado favorable y glorioso.
Concédele el trono real, firme en sus cimientos.
Concédele el cayado de los juicios de los pastores.
Concédele la corona permanente con la noble y radiante diadema.
Desde donde el sol asciende hasta donde el sol se oculta,
Del sur al norte,
Desde el mar superior hasta el mar inferior,
Desde la tierra del árbol huluppu hasta la tierra del cedro,
Que su cayado de pastor proteja toda Sumeria y Acadia.
Como labrador, que sus campos sean fértiles,
Como pastor, que sus rebaños se multipliquen,
Que bajo su reinado haya vegetación,
Que bajo su reinado haya riqueza de grano.
En las tierras pantanosas que haya peces y parloteo de aves,
En el cañaveral que los juncos jóvenes y los viejos crezcan altos,
En las llanuras que los árboles mashgur crezcan altos,
En los bosques que los venados y las cabras salvajes se multipliquen,
En los huertos que haya miel y vino,
En los jardines que la lechuga y el berro crezcan altos,
En el palacio que haya larga vida.
Que haya crecida en el Tigris y el Eufrates,
Que las plantas crezcan altas en sus riberas y llenen las vegas,
Que la Señora de la vegetación apile el grano en montones y cúmulos.
Oh mi Reina del Cielo y de la Tierra,
Reina de todo el universo,
Que él disfrute de largos días en la dulzura de tu cintura sagrada.”
El rey fue con la cabeza en alto hacia la cintura sagrada.
Fue con la cabeza en alto hacia la cintura de Inanna.
Fue hacia la reina con la cabeza en alto.
Abrió con amplitud sus brazos a la sacerdotisa sagrada del cielo.
Inanna dijo:
“Mi amado, deleite de mis ojos, ven a mí.
Nos regocijamos juntos.
Tomó su placer de mí.
Me trajo a su morada.
Me tendió en el lecho fragante de miel.
Mi dulce amor, que yace junto a mi corazón,
Con juegos de lengua, una por una,
Mi hermoso Dumuzi lo hizo cincuenta veces.
Ahora, mi dulce amor está saciado.
Ahora dice:
‘Libérame, mi hermana, libérame.
Serás la hija pequeña de mi padre.
Ven, mi amada hermana, debo ir al palacio.
Libérame.....’”
Inanna dijo:
“Mi portador de capullos, tu seducción fue dulce.
Mi portador de capullos en el manzanal,
Mi portador de fruta en el manzanal,
Dumuzi-abzu tu seducción fue dulce.
Mi intrépido,
Mi estatua sagrada,
Mi estatua ataviada con espada y diadema de lapizlázuli,
Qué dulce fue tu seducción...
(Canto de Inanna.
Sumeria. 3500 a 2000 a.C.
Versión de DIANE WOLKSTEIN Y SAMUEL NOAH KRAMER
Traducción de Ofelia Iszaevich)

Canto de Inanna III

Inanna y el león


Inanna y el dios de la sabiduría
Inanna colocó la shugurra, la corona de la llanura, sobre su cabeza.
Fue al corral, con el pastor de ovejas.
Se recostó contra un manzano.
Al recostarse contra el manzano, su vulva era maravillosa de contemplar.
Regocijándose, la joven mujer Inanna aplaudió.
Se dijo:
“Yo, la Reina del Cielo, he de visitar al Dios de la Sabiduría.
He de ir al Abzu, al lugar sagrado en Eridu.
He de honrar a Enki, el Dios de la Sabiduría, en Eridu.
He de pronunciar una plegaria en las profundas aguas dulces.”
Inanna partió sola.
Cuando llegó cerca del Abzu
Él, cuyos oídos están ampliamente abiertos,
Él, que conoce los me, las leyes sagradas del cielo y de la tierra,
Enki, el Dios de la Sabiduría, el que sabe todas las cosas,
Llamó a su sirviente, Isimud:
“Ven, mi sukkal,
La joven está por entrar al Abzu.
Cuando Inanna entre al recinto sagrado
Dale pastel de mantequilla para que coma
Vierte agua fría para refrescar su corazón.
Ofrécele cerveza ante la estatua del león.
Trátala como a un igual.
Saluda a Inanna en la mesa sagrada, en la mesa celestial.”
Isimud obedeció las palabras de Enki.
Cuando Inanna entró en el Abzu,
Le dio pastel de mantequilla para comer.
Vertió agua fría para que bebiera.
Le ofreció cerveza ante la estatua del león.
La trató con respeto.
Saludó a Inanna en la mesa sagrada, en la mesa celestial.
Enki e Inanna bebieron cerveza juntos.
Juntos bebieron más cerveza.
Juntos bebieron más y más cerveza.
Con sus vasos de bronce llenos hasta desbordarse,
Con los vasos de Urash, Madre de la Tierra,
Brindaron uno por la otra, se desafiaron uno a la otra.
Enki, intoxicado por la bebida, brindó por Inanna:
“¡En nombre de mi poder! ¡En nombre de mi altar sagrado!
Daré a mi hija Inanna
¡El alto sacerdocio! ¡La Divinidad!
¡La corona noble y permanente! ¡El trono de la realeza!
Inanna respondió:
“¡Los acepto!”
Enki levantó su copa y brindó por Inanna una segunda vez:
“¡En nombre de mi poder! ¡En nombre de mi recinto sagrado!
Daré a mi hija Inanna
¡La Verdad!
¡El descenso al inframundo! ¡El ascenso del inframundo!
¡El arte de hacer el amor! ¡El beso del falo!
Inanna respondió:
“¡Los acepto!”
Enki levantó su copa y brindó por Inanna una tercera vez:
“¡En nombre de mi poder! ¡En nombre de mi recinto sagrado!
Daré a mi hija Inanna
¡El sacerdocio sagrado del cielo!
¡La exaltación de las lamentaciones! ¡El regocijo del corazón!
¡La capacidad de juzgar! ¡La toma de decisiones!”
Inanna respondió:
“Los acepto”
(Catorce veces Enki levantó su copa por Inanna.
Catorce veces le ofreció a su hija cinco me, seis me, siete me.
Catorce veces Inanna aceptó los me sagrados.)
Entonces Inanna, de acuerdo con su padre,
Confirmó los me que Enki le había dado:
“Mi padre me ha dado los me:
Me ha dado el alto sacerdocio
la divinidad.
la corona noble y permanente.
el trono de la realeza.
Me ha dado el noble cetro.
el bastón de mando.
el patrón sagrado para medir y la línea.
el alto trono.
el pastoreo.
la majestad.
Me ha dado la princesa sacerdotisa.
la divina reina sacerdotisa.
el sacerdote de los encantamientos.
al sacerdote noble.
al sacerdote de las libaciones.
Me ha dado la verdad.
el descenso al inframundo.
el ascenso del inframundo
la Kurgarra.
Me ha dado la daga y la espada.
la vestimenta negra.
la vestimenta colorida.
la desatadura del cabello.
la atadura del cabello.
Me ha dado la norma.
el carcaj.
el arte de hacer el amor.
el beso del falo.
el arte de la prostitución.
el arte de favorecer.
Me ha dado el arte de la lengua honesta.
el arte de la lengua calumniante.
el arte de adornar el lenguaje.
a la prostituta de culto.
la taberna sagrada.
Me ha dado el altar sagrado.
la sagrada sacerdotisa celestial.
el resonante instrumento musical.
el arte del canto.
el arte del dignatario.
Me ha dado el arte del héroe.
el arte del poder.
el arte de la traición.
el arte de la integridad.
el saquear ciudades.
la exaltación de las lamentaciones.
el regocijo del corazón.
Me ha dado el engaño.
la tierra rebelde.
el arte de la benevolencia.
el viaje.
la morada segura.
Me ha dado el oficio del carpintero.
el oficio del calderero de cobre.
el oficio del escriba.
el oficio del herrero.
el oficio del talabartero.
el oficio del batanero.
el oficio del constructor.
el oficio del tejedor de juncos.
Me ha dado el oído perceptivo.
el poder de la atención.
los ritos sagrados de purificación.
el corral de forraje.
el apilar de los carbones calientes.
el redil.
el miedo.
la consternación.
la congoja.
Me ha dado al león, de amarga dentadura.
el encendido del fuego.
el apagar el fuego.
el brazo fatigado.
la familia allegada.
la procreación.
Me ha dado el enardecer la contienda.
la prudencia.
el consuelo del corazón.
la capacidad de juzgar.
la toma de decisiones.”
(Canto de Inanna.
Sumeria. 3500 a 2000 a.C.
Versión de DIANE WOLKSTEIN Y SAMUEL NOAH KRAMER
Traducción de Ofelia Iszaevich)